febrero 26, 2012

QUE EL SONETO NOS TOME POR SORPRESA

Entrar en este verso como el viento,
que mueve sin propósito la arena,
como quien baila que se mueve apenas,
por el mero placer del movimiento.

Sin pretensiones, sin predicamento,
como un eco que sin querer resuena,
dejar que cada sílaba en la oncena
encuentre su lugar y su momento.

Que el soneto nos tome por sorpresa,
como si fuera un hecho consumado,
como nos toman los rompecabezas,

que sin saberlo, nacen ensamblados.
Así el amor, igual que un verso empieza,
sin entender desde donde ha llegado.

Jorge Drexler

febrero 20, 2012

SÓLO TÚ

Esta letra de Camilo Sesto
puede transformarse en poesía,
según el "quién" y el "dónde"...

Francis Joel Verasnacido en el municipio de Cabrera,
Pcia. María Trinidad Sánchez, República Dominicana

Solo tú
entiendes mi pasión
hasta quitarme la razón;
mujer, mujer, por ti puedo enloquecer

Solo tú

eres el alma de mi vida,
si me abandonas ¿qué será de mí?
volverá ha quedar mi piel dormida.

Antes de ser mía, ya te quería;

hoy te quiero, te quiero mas todavía.
Antes de ser mía , ya te quería;
hoy te quiero, te quiero mas todavía.

¡Sólo tú!

Antes de ser mía, ya te quería;
hoy te quiero, te quiero mas todavía.

Antes de ser mía, ya te quería;

hoy te quiero (sólo tú),
te quiero mas todavía.
Antes de ser mía, ya te quería (sólo tú);
antes de ser mía.


© Camilo Sesto

febrero 17, 2012

HOY MI DEBER

Hoy mi deber era
cantarle a la patria
alzar la bandera
sumarme a la plaza

Hoy era un momento
más bien optimista
un renacimiento
un sol de conquista

Pero tú me faltas,
hace tantos días
que quiero y no puedo
tener alegrías

Pienso en tu cabello
que estalla en mi almohada
y estoy que no puedo
dar otra batalla

Hoy yo que tenía
que cantar a coro
me escondo del día
susurro estoy solo

Qué hago tan lejos
dándole motivos
a esta jugarreta
cruel de los sentidos

Tu boca pequeña
dentro de mi beso
conquista se adueña
no toca receso

Tu cuerpo y mi cuerpo
cantando sudores
sonidos posesos
febriles temblores

Hoy mi deber era
cantarle a la patria
alzar la bandera
sumarme a la plaza

Y creo que acaso
al fin lo he logrado
soñando tu abrazo
volando a tu lado.

© Silvio Rodríguez
 

febrero 10, 2012

Durazno sangrando

Temprano el durazno,
del árbol cayó,
su piel era rosa,
dorado del sol,
y al verse en la suerte
de todo frutal,
a orillas de un río
su fe lo hizo llegar.


Dicen que en este valle,
los duraznos son de los duendes.


Pasó cierto tiempo,
en el mismo lugar,
hasta que un buen día,
se puso a escuchar,
una melodía muy triste del Sur,
que así le lloraba,
desde su interior.


Quien canta es tu carozo,
pues tu cuerpo al fin,
tiene un alma.


Y si tu ser estalla,
será un corazón,
el que sangre.


Y la canción que escuchas,
tu cuerpo abrirá
con el alba.


La brisa de Enero
a la orilla llegó,
la noche del tiempo
sus horas cumplió;
y al llegar el alba
el carozo cantó,
partiendo al durazno
que al río cayó.


Y el durazno partido
ya sangrando está
bajo el agua.

enero 30, 2012

SIESTA



Un zumbido de moscas anestesia la aldea.
El sol unta con fósforo el frente de las casas,
y en el cauce reseco de las calles que sueñan
deambula un blanco espectro vestido de caballo.

Penden de los balcones racimos de glicinas
que agravan el aliento sepulcral de los patios
al insinuar la duda de que acaso estén muertos
los hombres y los niños que duermen en el suelo.

La bondad soñolienta que trasudan las cosas
se expresa en las pupilas de un burro que trabaja
y en las ubres de madre de las cabras que pasan
con un son de cencerros que, al diluirse en la tarde,
no se sabe si aún suena o ya es sólo un recuerdo
¡Es tan real el paisaje que parece fingido!

Oliverio Girondo


Nota: Esta poesía me gustó, aunque Girondo no.

enero 28, 2012

Canción del pirata

Con diez cañones por banda,
viento en popa, a toda vela,
no corta el mar, sino vuela
un velero bergantín.
Bajel pirata que llaman,
por su bravura, el Temido,
en todo mar conocido
del uno al otro confín.

La luna en el mar rïela,
en la lona gime el viento,
y alza en blando movimiento
olas de plata y azul;
y va el capitán pirata,
cantando alegre en la popa,
Asia a un lado, al otro Europa,
y allá a su frente Stambul:

«Navega, velero mío,
sin temor,
que ni enemigo navío
ni tormenta, ni bonanza
tu rumbo a torcer alcanza,
ni a sujetar tu valor.

Veinte presas
hemos hecho
a despecho
del inglés,
y han rendido
sus pendones
cien naciones
a mis pies.

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.

Allá muevan feroz guerra
ciegos reyes
por un palmo más de tierra;
que yo aquí tengo por mío
cuanto abarca el mar bravío,
a quien nadie impuso leyes.

Y no hay playa,
sea cualquiera,
ni bandera
de esplendor,
que no sienta
mi derecho
y dé pecho
a mi valor.

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.

A la voz de «¡barco viene!»
es de ver
cómo vira y se previene
a todo trapo escapar;
Que yo soy el rey del mar,
y mi furia es de temer.

En las presas
yo divido
lo cogido
por igual;
sólo quiero
por riqueza
la belleza
sin rival.

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.

¡Sentenciado estoy a muerte!
Yo me río;
no me abandone la suerte,
y al mismo que me condena,
colgaré de alguna entena,
quizá en su propio navío.
Y si caigo,
¿qué es la vida?
Por perdida
ya la di,
cuando el yugo
del esclavo,
como un bravo,
sacudí.

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.

Son mi música mejor
aquilones,
el estrépito y temblor
de los cables sacudidos,
del negro mar los bramidos
y el rugir de mis cañones.

Y del trueno
al son violento,
y del viento
al rebramar,
yo me duermo
sosegado,
arrullado
por el mar.

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.»

José de Espronceda (1808 - 1842)

Evocación


Fueron mías sus fervientes caricias
y la miel que de sus labios brotaba.
En sus brazos conocí mil delicias.
¡Cuánto las disfruté!, él me abrasaba.

Me abrasaba con sus besos y ardicias,
chispas al deseo que despertaba...
Como embrujo de mi sed y codicia,
mi vida fue color, ¡porque lo amaba!

Lo amaba, sí. Sin caer en errores,
hizo mi vivir sucursal del cielo.
Radiante y alegre, como las flores.

Las flores del vergel de lo que anhelo,
a su recuerdo ofrezco con loores.
En esta fría noche... ¡De desvelo!